Marco Bettoni · Nicola Lovecchio · Matteo Giuriato · Contribución publicada en Il Nuovo Calcio.
¿Cómo puede un joven futbolista aprender a leer una situación, cambiar de decisión en pocos instantes y elegir una solución eficaz mientras todo a su alrededor se mueve? La contribución firmada por Marco Bettoni, Nicola Lovecchio y Matteo Giuriato parte de esta pregunta para conectar el fútbol con las funciones ejecutivas.
En el fútbol el contexto cambia continuamente. Posición de compañeros y adversarios, trayectoria del balón, espacios libres y tiempo disponible obligan al jugador a procesar mucha información en pocos segundos. La calidad de la acción no depende solo de la técnica, sino también de la capacidad de observar, inhibir una respuesta, cambiar de plan y tomar una nueva decisión.
En el lenguaje de la neurociencia, habilidades como memoria de trabajo, control inhibitorio, flexibilidad cognitiva, atención selectiva, planificación y resolución de problemas forman parte del ámbito de las funciones ejecutivas.
El artículo propone considerar estas competencias ya en el fútbol base, evitando separar demasiado pronto el entrenamiento técnico de la capacidad de leer el juego. El objetivo no es convertir la actividad en una prueba cognitiva, sino crear situaciones en las que el niño tenga que moverse, observar, decidir y adaptarse.
Una de las propuestas utiliza la historia de Robin Hood. Los balones se convierten simbólicamente en “dinero”, algunos niños interpretan a los ricos, otros a los pobres y uno o varios jugadores asumen el papel de Robin Hood. Desde esta estructura narrativa se desarrollan variantes que exigen conducción del balón, pase, recepción, búsqueda del espacio, atención a los compañeros y capacidad de modificar rápidamente la elección.
Las variantes pueden aumentar gradualmente la demanda cognitiva: decir el nombre del compañero antes de pasar, valorar una trayectoria, elegir un cofre de color o pronunciar un color diferente del que se está abriendo para implicar el control inhibitorio.
Un punto central es la progresión. El ejercicio debe ser suficientemente desafiante para implicar al niño, pero no tan difícil como para generar frustración o afectar negativamente a su percepción de competencia. La capacidad del entrenador consiste en comprender cuándo introducir una nueva variante y cuándo consolidar la anterior.
El mensaje de la contribución es claro: en el fútbol infantil técnica, movimiento y procesos de decisión pueden desarrollarse juntos. La historia y el juego se convierten en herramientas para crear situaciones con significado, en las que el niño no ejecuta solo un gesto sino que aprende a elegir.